Autor: Claudio Segundo
Desde ámbitos investigativos patagónicos, tenemos indicios que aquel 19 de junio de 1982, no solo los soldados mitigaron su hambre, fue la primera vez en dos meses que pudieron hablar y narrar su experiencia y el pueblo de Puerto Madryn fue testigo de esa experiencia. El bombardeo permanente, la metralla, enfrentarse invariablemente a la muerte, en donde el cuerpo humano se había reflejado, tan minúsculo, tan frágil, tuvo su primer escalón de descanso en nuestra ciudad. La relación de percepciones, experiencias y los cuerpos de los soldados, fueron captadas por una mujer:Azucena Mabel Outeda, una forjadora de paz y la verdad.
El trabajo de fotoperiodismo de Mabel Outeda al terminar la guerra tiene un doble valor. Por un lado, espectador que tiene la tentación irresistible de buscarse en ellas y, en una chispa minúscula de azar, encontrase. Por otro, saber que los que estuvieron presentes ese día, que pasó hace mucho tiempo, puedan observar esas fotografías una y otra vez y verse reflejados aún sin encontrarse. En ellas anida hoy el futuro, y tan elocuentemente, mirando hacia atrás, podemos redescubrirlo, en forma de resistencia a los dictadores que quisieron ocultar y alejar a nuestros muchachos del pueblo madrynense que los recibió como a sus propios hijos.